¿Hasta qué punto la inercia que generaron tus decisiones pasadas es el motor que impulsa tu vida actual, afectando las decisiones que ahora eres capaz de asumir?
¿Hasta qué punto lo que fuiste impide que pongas freno a la inercia y evita que hoy seas alguien distinto?
En nuestra infinita ignorancia es asombroso darse cuenta con cuanta ligereza podemos llegar a tomar decisiones que de una u otra forma regirán el destino de nuestras vidas, para bien o para mal. Nada es gratuito, todo tiene un costo.
Cada cosa que hacemos tiene una causa y un efecto, muchas veces no sabemos la causa y actuamos creyendo saber las consecuencias, sin embargo creo que la mayor parte del tiempo es al revés, sospechamos las causas, pero aun cuando creamos entender las consecuencias, la vida se encarga de mostrarnos que en realidad hay una razón por la cual nuestra existencia es muy corta, no tenemos ni la más remota idea de cómo nos va a afectar en los próximos 5, 10, 20 o 30 años lo que hagamos hoy.
Quizás nuestra existencia sea corta para que no perdamos mucho tiempo en planificarla o para que no perdamos tanto tiempo en arrepentirnos por aquello que ya hemos hecho. Probablemente nunca debamos arrepentirnos demasiado de nuestras decisiones, hay que aprender a vivir con ellas porque lo único que existe es el presente, el pasado es lo que te hizo la persona de hoy, y el futuro es algo que se forja con tus acciones de hoy.
Quizás la mejor política sea arriesgarse a actuar en base a lo que creas que te hará feliz hoy, cuando tienes control sobre tus acciones y no son ellas las que te controlan a ti. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero al menos pensar en ello ya es un avance en la dirección correcta.